Análisis: Patata y el perdón de los estereotipos.

Uno de los clichés más básicos de la ficción moderna y de los motores de personajes más utilizados, es la búsqueda del perdón. La búsqueda de un perdón imposible como subtexto invariable que definirá a nuestro personaje como alguien solitario y cascarrabias o alguien amable y solidario por naturaleza, según como lo utilicen.

Sería estúpido poner ejemplos porque puedo dar un dedo a que en cualquiera obra que esté en vuestra habitación ahora mismo, o que hayáis consumido en el último mes, este estereotipo sale. ¿Por qué? Es algo más complejo de explicar, pero un estereotipo sirve en gran medida a la facilitar la comprensión del lector. Es lo que llamamos un punto de agarre. Es un sitio en donde el consumidor ocasional en un primer momento se agarrará, porque le resulta conocido y fácil de entender. Y el consumidor habitual lo relacionará con otras obras del estilo, etc.

Sin embargo, una cosa que convierte a los estereotipos en algo de lo que lo lectores (que han dejado de ser solo consumidores) terminan por aborrecer es precisamente que todo termina por convertirse en más de lo mismo. En teoría de género cinematográfico (teoría que yo aborrezco, pero que está ahí), inculcan que la manera de “corregir” un estereotipo consiste en sirva de agarre la primera mitad de historia, y darle la vuelta en la segunda, para así presentar algo nuevo al espectador. Pero aún así, esto es muy difícil que lo salve. Porque como nuestro cliché del perdón, a los estereotipos su propia búsqueda los define: Aunque la idea es sorprender, por definición el estereotipo se centra en no hacerlo.

Entonces, ¿son los estereotipos, al menos en el campo de creación de contenidos, algo que deberíamos evitar?

Por una parte, los estereotipos se forjan en base a particularidades intencionadamente subrayadas que poseen una recepción en la sociedad, y esta la reproduce (y potencia su reproducción). Eso es muy difícil de detener y evidentemente que los medios de comunicación dejen de utilizarlos, ayuda. Sin embargo, cuando un autor utiliza estereotipos para mandar un mensaje mayor, donde hace comprender el significado implícitos de estos, e intenta destruirlos a través de la creación de otro que contrarreste… ¿Entonces?

Entonces es cuando tenemos la mitad del planteamiento para analizar Patata¹, de Gurrupurru², alías utilizado por Carlos Rioja cuando publica cómics. Y la otra mitad, que es entender porque Patata será seguramente un punto y aparte en su obra, lo obtenemos simplemente conociendo su producción.

Gurrupurru es un autor que se ha movido (hasta ahora al menos) dentro de los márgenes del metahumor³ y el minimalismo, centrando sus historias en conversaciones duales y directas en espacio simples. Sus personajes están definidos por ser resultados existencialistas del mundo que les ha tocado vivir y, apoyado en eso, Gurrupurru se aleja de las acciones como punto de ancla de explicación del personaje, centrándose desde el primer minuto en generar y resolver el único conflicto existente en toda su obra: La relación primaria con el otro, la ruptura de la pared que nos separa de los demás y el miedo a hacerlo. Bueno, y todas las variantes que de esto existe.

Sin embargo, aunque Gurrupurru tenía ya cosas muy notables desde su primer trabajo, como esa praxis de Rosellini de mostrar las cosas y no demostrarlas, algo que se le podía achacar, tanto como para convertirse en un lastre, era la dispersión de ideas.

Por ejemplo, en El artista y la Musa4, Gurrupurru comienza con una metáfora sobre la relación entre el creador artístico, encarnado por El Artista, y la sociedad que no solo representa en su obra si no que además tiene que consumir sus creaciones, personalizada por La Musa. Sin embargo, El Artista y la Musa se fue transformando poco a poco en un obra que versaba sobre las relaciones de amor puro, son ninguna connotación más.

A primera vista, podríamos achacar esto a que La Musa adquirió tanta personalidad en la historia que se volvió indomable y terminó por comerse la propia obra. Otros dirán que fue a causa del feedback que te da el medio, y el existo del personaje femenino. O puede ser por la falta de madurez del autor. A mi sin embargo, me parece un desvío lógico en una obra tan espaciada en el tiempo, y el efecto de que el autor cambió de intereses durante ese tiempo.

Pero la consecuencia final es que El Artista y La Musa está aparcada, como muchas otras. Y la causa esta clara: El control absoluto de la trama como la dispersión descontrolada termina en una falta de enfoque.

Por poner un ejemplo, escribir una historia es como caminar por el desierto: Lo mejor es equiparse bien y tener claro a donde se va, sí, pero tanto seguir el camino tozudamente, como dejarte llevar por todas las circunstancias pueden desembocar en el callejón sin salida, conduciéndote la deshidratación y a la muerte.

Hay autores que se sienten cómodos más en un papel que en otro. Pero este choque es algo con lo que Gurrupurru lucha constantemente: Su estilo minimalista y directo, al no nacer de la destrucción, lo tienta por cada nueva idea que utilice. Cualquier cosa que aparezca, un nuevo personaje, un nuevo conflicto, incluso un nuevo ambiente, tiene un peso tal que al autor se le abren mil ramas de caminos que puede explorar.

¿Y cómo disputa con eso el autor? No lo sé. De hecho no sabemos si Gurrupurru sigue luchando contra la deshidratación en medio del desierto de El Artista y la Musa.

Pero yo al menos si tengo claro como respuesta a toda esa batalla, nace Patata: La historia de la última persona viva en un desierto infinito. Una obra que intenta explicarle al propio autor la vida en el desierto de la incertidumbre.

Lo que pasa en Patata, explicado de una manera simple, de lo que siempre pasa en las obras de Gurrupurru: Penélope, la última persona viva tras la destrucción del mundo, conoce a Patata, la última superviviente demonios del desierto, y deben aprender a aceptarse a si mismas para aceptarse entre ellas. Y para ello, el autor nos obsequia nuestro amigo, el cliché del perdón, para explicar los conflictos de los personajes.

Perfecto, una obra simple que se centra en un estereotipo. Las dos superan sus pecados y viven felices juntas. ¿No? Pues sí. Y de hecho hay sueños con personajes del pasado con frases tan típicas como “No te culpes”, “Sigue adelante”, “Cuida a las personas que quieres ahora”. Y fantasmas del pasado que te persiguen. Incluso traumáticas pesadillas que te despiertan en medio de la noche.

Y todo esto es queda perfecto en Patata.

¿Un momento? ¿Me estás diciendo que aún utilizando clichés, una obra puede funcionar a un nivel más allá del entretenimiento puro? ¿Eso se puede conseguir? Pues claro. Y sólo Gurrupurru podía hacerlo de una manera tan simple:

El cliché del perdón es básicamente una crítica a la presión de los factores externos, que hacen sentir culpas donde no hay: Siempre donde lo encontréis, el personaje que utilice este cliché, se sentirá culpable por algo que en su sociedad o por su educación es reprobable, pero con la perspectiva del tiempo el lector entiende que no lo es, y por lo tanto carga con una culpa falsa.

Pero en Patata, los dos personajes huyeron de sus sociedades porque no se sintieron cómodas, y ahora que no existen esas civilizaciones, las añoran y se sienten culpables por no hacer el esfuerzo de entenderse con sus semejantes.

¿Espera? ¿Eso no es precisamente lo contrario a lo que es el propósito del estereotipo del perdón?

Exacto.

De hecho Patata es una obra que se basa en utilizar estereotipos todo el tiempo. Pero llegado a un punto no muy alejado del principio, no puedes saber que va a pasar. Y lo ha conseguido de una manera muy simple: a base de poner los estereotipos en conflictos.

¿Queréis otro ejemplo? Aunque Patata es una obra post-apocalíptica, no habla ni del poder, ni de sociedades en crisis. Es todo lo contrario: Patata trata de lo bien que va el mundo sin nadie en él. Como la vida fluye sin contratiempos.

Incluso la propia obra hace referencia a la destrucción de los clichés cuando, en los primeros capítulos, Patata lee un libro sobre un estereotipo acerca de si misma. Y esto desencadena en otro conflicto, que es cuando la propia Patata, buscando deshacer el entuerto, intenta escribir un libro sobre su propia especie. Libro que no va a leer nadie más, porque ya nadie existe.

Pero entonces, ¿hablar de tantos estereotipos y creando tantos temas no sigue bifurcando demasiado la historia? No, y esto es lo mejor de todo. Porque aunque utilice los estereotipos y los vaya destruyendo, Gurrupurru no busca nada con ello. No es una crítica, ni un análisis, ni un ensayo de nada. Todos estos planteamientos no pretenden ser respuestas, si no preguntas. Son preguntas que se dejan ahí, abandonadas, como el mundo en que les ha tocado vivir a los personajes. La obra no trata sino de explicarte que el mundo, incluso desértico, conlleva sin querer una valoración básica de él y de todo lo que hay en él: ¿y esto es bueno o malo? Y eso es algo que tendrás que descubrirlo por ti mismo. Por muchos estereotipos que haya alrededor de ello.

En Patata hay cosas que no me gustan: Ciertos flashbacks que no terminan de funcionar o algunos ramalazos puramente estéticos en según que páginas. Y quizás el punto que no deja despegar la obra en todo su esplendor: La ruptura con el estereotipo del viaje, o ruptura con el Viaje del héroe5. Pero nada de esto puede ocultar lo muchísimo que aporta Patata sin proponérselo, y la genial retroalimentación que se nota que consiguió Gurrupurru con ella.

Puede que sea casualidad, o los sentimientos reprimidos de un autor que lucha por responderse preguntas respecto a su propia obra, pero mientras lees Patata, sientes como el autor fue volcando su estado anímico y se fue respondiendo de la única manera posible: Escribiendo.

Patata, esta lucha del autor contra los estereotipos y su intento de acercarnos sus dudas acerca de ellos, puede que no se convierta en su obra más conocida. De hecho al leerla sientes que esta a medio camino de algo más grande. Pero desde un análisis más concienzudo, Gurrupurru cierra con Patata varios meses vagando en el desierto.

Sientes que vuelve siendo alguien mas maduro, y que a aprendido a dejar pesos y pecados.

Y como Patata y Penélope, algo en sus sueños ha cambiado.


(1) (Webcomic, 2016) http://patata.subcultura.es/
(2) http://gurrupurru.blogspot.jp/
(3) Referido al ámbito de inteligencia emocional: Capacidad de los personajes tanto de reconocer como comprender sus propios sentimientos y exponerlos abiertamente.
(4) (Webcomic, 2011) http://artistamusa.subcultura.es/
(5) Teoría De Joseph Campbell acerca de la reducción de todos los arquetipos de historias a una sola gran historia.

 

Comentario

  1. No es bonito que el autor opine, así que no lo haré. Sólo te doy las gracias por tu análisis 🙂

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